Kirby Air Riders: caos rosita, velocidad y puro vacilón

Kirby Air Riders es de esos juegos bien raros, pero en el buen sentido. No trata de ser otro Mario Kart más, ni seguir la misma fórmula de siempre. Aquí se fueron a lo loco con un control súper minimalista, casi todo con un solo botón, y con la idea de que lo importante es cómo se siente cada máquina al correr. Eso hace que el juego tenga una personalidad bien marcada: o te adaptas a su flow, o te frustra. No es de esos juegos “neutralitos” que le gustan un chin a todo el mundo; este viene con carácter.

Uno de los puntos más duros del juego es la cantidad y variedad de contenido. Tienes más de 20 máquinas que se manejan bien diferente, un montón de personajes de la historia de Kirby, muchas pistas, 750 logros, desbloqueables, cosméticos y varios modos: las carreras normales, Top Ride, City Trial y Roadtrip. Se nota que lo hicieron para que te dure horas y horas, no solo por la dificultad, sino porque siempre hay algo nuevo que hacer o desbloquear. Y encima, todo se consigue jugando, sin chavos reales ni microtransacciones, que eso se agradece con ganas.

En lo jugable, el diseño está bien interesante pero también tiene su choque. Por un lado, el sistema simplificado de controles hace que el juego se sienta único, bien distinto a otros racers. Dominar cada máquina, saber dónde coger velocidad, cuándo volar, cómo caer, qué ruta seguir, usar enemigos y power-ups… todo eso te obliga a meterle cabeza y práctica. Pero por otro lado, esa misma simplicidad a veces se queda corta. En partes donde hace falta precisión, como peleas uno contra uno o algunos retos de Roadtrip, el control se siente medio bruto, como que no responde tan fino. El juego quiere ser rápido, accesible y técnico a la vez, pero ese esquema de “un botón” no siempre aguanta el empuje.

City Trial, el modo favorito del corillo, es el mejor ejemplo de eso. Es un vacilón brutal con panas: caos por todos lados, golpes, power-ups, eventos random, explorar el mapa, montar una máquina bien rota antes del minijuego final… pero a la misma vez, ese mismo revolú hace que muchas veces el resultado dependa más de lo que te pasa que de lo que tú planeas. No se siente como un modo competitivo “serio”, es más bien un party game para reírse, vacilar y pasarla bien. Eso está perfecto si lo coges como juego de jangueo, pero alguien que busque algo bien balanceado o competitivo se puede quedar con las ganas.

En la parte técnica y de presentación, el análisis deja claro que el juego está bien trabajado. Corre a 60 FPS, hasta con varios jugadores a la vez, las pistas están brutales, la música motiva y los detalles en menús, reglas y opciones se sienten bien cuidados. Se nota ese toque “Sakurai” en los detalles que, aunque no son necesarios, le suben el nivel al paquete completo.

Kirby Air Riders vive de sus extremos: súper original, lleno de contenido hasta más no poder y bien terco con su propia idea de diseño. No está tratando de tumbar a Mario Kart ni parecerse a los racers tradicionales, sino ofrecer algo diferente: un juego de carreras con acción caótica, perfecto para jugar con el corillo y con bastante profundidad y recompensas para el que le quiera meter solo. Sus fallitas más grandes, el control que a veces se siente muy simple y el caos que a veces se va de las manos son también el resultado de las mismas decisiones que lo hacen especial. Si entras dispuesto a aceptar sus loqueras, es bien probable que termines viendo a Kirby Air Riders como uno de esos juegos que se te quedan pegados en la memoria.

Kirby Air Riders: caos rosita, velocidad y puro vacilón

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