Hoy se cumplen 27 años del lanzamiento original de The Legend of Zelda: Ocarina of Time para Nintendo 64, uno de esos juegos que no solo marcaron a toda una generación, sino que también redefinieron lo que podía ser una aventura en 3D. En 1998, cuando llegó por primera vez a las tiendas, Nintendo apostó por llevar la fórmula clásica de Zelda a un entorno completamente tridimensional, algo que en ese momento era un reto enorme tanto a nivel técnico como de diseño.
Ocarina of Time nos puso en la piel de Link desde su infancia en el Bosque Kokiri, para luego acompañarlo en un viaje épico a través de Hyrule que mezclaba viajes en el tiempo, mazmorras memorables y una historia que, para muchos, fue la más ambiciosa que había tenido la saga hasta ese momento. Mecánicas como el sistema de apuntado “Z-targeting”, el uso de la ocarina para resolver puzles y cambiar el mundo que nos rodea, así como la libertad para explorar un amplio mundo abierto para la época, lo convirtieron rápidamente en un referente.
El impacto de Ocarina of Time fue inmediato: recibió puntuaciones casi perfectas en la gran mayoría de medios especializados y todavía hoy es citado con frecuencia como uno de los mejores videojuegos de la historia. Su forma de diseñar mazmorras, jefes finales y secuencias cinemáticas influyó directamente en muchos títulos posteriores, tanto dentro como fuera de la franquicia de Zelda. Para muchos jugadores, fue también su primer contacto con una aventura de este tipo, dejando recuerdos muy claros de momentos como la primera vez que se pisa la Llanura de Hyrule o el enfrentamiento final contra Ganondorf.
Con el paso de los años, el juego ha regresado en diferentes formatos, permitiendo que nuevas generaciones lo descubran y que quienes lo jugaron en su lanzamiento puedan revivirlo. Pero, más allá de las reediciones y las mejoras técnicas, lo que mantiene vivo a Ocarina of Time es la forma en la que logró combinar exploración, narrativa, música y jugabilidad en una experiencia que sigue sintiéndose especial casi tres décadas después.
A 27 años de su debut en Nintendo 64, The Legend of Zelda: Ocarina of Time sigue siendo mucho más que un clásico: es una pieza fundamental en la historia de los videojuegos y un recordatorio del enorme impacto que puede tener una buena aventura cuando se arriesga a ir un paso más allá.

